Long Island concentra esta mirada sobre representación, cercanía y debate público. En el valle del Hudson y el North Country, dos contiendas amplían el panorama; la del distrito 21 podría dar la sorpresa.
Por José Oquendo Sánchez
A veinte días de las elecciones del 3 de noviembre, los candidatos todavía tienen tiempo para pedir el voto. La pregunta es si están haciendo lo suficiente para merecerlo. Como periodista latino y residente de Long Island, me interesa observar quién se acerca a nuestras comunidades, quién escucha sus preocupaciones y quién parece confiar en que la etiqueta de su partido resolverá lo demás.
Durante estas semanas he seguido las contiendas congresionales mediante la prensa, las publicaciones de campaña y las actividades de los candidatos. Los anuncios, las encuestas y los endosos ayudan a entender la competencia. Pero la representación también se mide en el acceso a los funcionarios, en su disposición a responder preguntas y en las relaciones que mantienen después de las elecciones.
Long Island, con sus cuatro distritos congresionales, es el centro de esta mirada. El distrito 17, en el valle del Hudson, y el 21, en el North Country, ofrecen otros dos escenarios que merecen atención. La carrera para gobernador atraviesa todos ellos: mantiene asuntos locales en circulación y moviliza votantes, aunque su influencia no se traduzca necesariamente en un voto uniforme.

Long Island: cuatro distritos y una pregunta sobre representación
El costo de vida, los impuestos y la inmigración recorren las campañas de Nassau y Suffolk. Lo que cambia es la forma en que cada candidato responde y se relaciona con las comunidades que pretende representar.
NY-04: Gillen y Driscoll, entre ataques y distancia comunitaria
En el distrito 4, donde vivo, la demócrata Laura Gillen y la republicana Jeanine Driscoll han dedicado buena parte de su campaña a desacreditarse. Driscoll acusa a la congresista de mentir y de votar contra medidas de alivio tributario. Gillen cuestiona la responsabilidad de su adversaria en los impuestos de Hempstead. Cada una intenta imponer su versión; a mi juicio, ninguna de las dos campañas ha resultado especialmente convincente.
Mi reserva sobre Gillen viene de antes. He observado una distancia respecto de sectores latinos que deberían tener una relación más abierta con su representante. Los encuentros por invitación y la escasa apertura que he percibido hacia determinadas voces locales alimentan esa impresión. Las imágenes de diversidad durante el Mes de la Herencia Hispana no bastan: la inclusión exige acceso, escucha y continuidad.
No puedo afirmar que veinte días sean suficientes para reparar una relación que considero desatendida desde que ganó el puesto. Su respuesta a la muerte de un inmigrante bajo custodia de ICE en el distrito me pareció tímida. Para familias afectadas por los operativos migratorios, la representación requiere algo más que una declaración ocasional.
Driscoll tampoco puede dar por ganada esa confianza. En las publicaciones que he seguido, predominan los ataques a Gillen. Falta ver qué propuestas y vínculos ofrece a los latinos, además de pedirles que rechacen a la incumbente.
La ausencia de un debate agrava esa limitación. News 12 informó que Gillen rechazó su invitación y Driscoll aceptó. El electorado pierde así una oportunidad de escuchar a ambas responder preguntas en el mismo escenario.
El 13 de octubre, Newsday endosó a Gillen para un segundo mandato. Su junta editorial destacó su pragmatismo, su colaboración con republicanos, las gestiones de infraestructura y su esfuerzo para extender el TPS a los haitianos. Consideró que Driscoll, pese a conocer Hempstead, ofrecía menos preparación e ideas para el trabajo federal. Es un respaldo de peso, y las gestiones reconocidas merecen atención.
Sin embargo, el editorial deja fuera preguntas esenciales para nuestra comunidad: la cercanía de Gillen con sectores latinos, su respuesta al caso de ICE y su negativa a debatir. La iniciativa sobre el TPS haitiano tampoco agota la evaluación de su relación con otras comunidades inmigrantes. Valorar el trabajo en Washington exige mirar también quién tiene acceso a la congresista y qué respuesta recibe cuando la necesita.
El tratamiento de la guerra merece un escrutinio igualmente consistente. Newsday cuestiona el respaldo de Driscoll a la guerra en Irán. Las posiciones de Gillen sobre los conflictos internacionales también deben someterse a preguntas concretas; la condición de moderada no exime a ningún representante de explicar sus decisiones y sus consecuencias humanitarias.
Ese mismo 13 de octubre, el Comité de Campaña Demócrata para el Congreso —DCCC— anunció «Top Priority», su primer anuncio televisivo coordinado con Gillen en esta contienda. El mensaje promete colaboración entre partidos, alivio tributario, acciones contra los abusos de aseguradoras y contra los intereses que compran viviendas y encarecen el acceso familiar.
El comienzo es revelador: presenta a la ciudad de Nueva York como cercana, pero distante de Nassau, y ofrece sensatez y resultados. Mi lectura es que busca reforzar una identidad suburbana y moderada frente a las acusaciones de radicalismo. La campaña recibe apoyo publicitario nacional, pero el guion no aborda inmigración, ICE ni la relación con los latinos. La visibilidad puede crecer sin que se resuelva la distancia comunitaria.
NY-03: Suozzi y LiPetri, con un debate por delante
En el distrito 3, Tom Suozzi ofrece un contraste. Por lo que conozco de su trayectoria en Nassau y Queens, posiblemente sea el demócrata de estas contiendas que ha mantenido una relación más sostenida con la comunidad latina. Esa cercanía merece reconocimiento, sin obligarnos a coincidir con todas sus posiciones.
Suozzi busca conservar el escaño frente al republicano Mike LiPetri. El reciente endoso de Newsday fortalece su campaña, pero los apoyos institucionales no sustituyen la necesidad de explicar sus decisiones ante los electores.
Su posición sobre inmigración muestra una tensión que atraviesa estas elecciones: cómo defender a las comunidades inmigrantes mientras se intenta convencer a quienes reclaman controles más estrictos. Para nosotros, importa saber qué límites defenderá un representante cuando la presión política favorece medidas cada vez más duras.
Suozzi y LiPetri aceptaron debatir en News 12. La transmisión del encuentro grabado fue anunciada para el 20 de octubre, a las ocho de la noche. Son la única pareja de candidatos congresionales de Long Island que participará en ese espacio esta temporada. Esa disposición permite comparar propuestas y exigir explicaciones más allá de los anuncios.
NY-01: Gallant y LaLota, sin el respaldo de Newsday
En el distrito 1, Chris Gallant ha llamado mi atención por sus encuentros con grupos pequeños y sus acercamientos comunitarios. Su publicación sobre una reunión con OLA of Eastern Long Island reconoce preocupaciones de los latinos del East End que suelen quedar fuera de los mensajes generales.
En una región donde los operativos migratorios han provocado temor y consecuencias para las familias, escuchar a una organización comunitaria tiene valor. Ese acercamiento debe traducirse en compromisos y continuidad.
Gallant, sin embargo, rechazó la invitación de News 12 a debatir con el republicano Nick LaLota, quien la aceptó. Ambas cosas pertenecen a la evaluación del candidato: sus contactos comunitarios y la oportunidad de contraste público que dejó pasar.
LaLota ha destacado sus encuentros con veteranos y cuestionado la ausencia de su adversario. La pregunta sobre la presencia debe extenderse a otras comunidades: quiénes participan en esas conversaciones y qué espacio encuentran los latinos en su representación.
El 14 de octubre, Newsday decidió no endosar a ninguno. Reconoció a LaLota resultados en fondos federales y algunas iniciativas bipartidistas, pero cuestionó su falta de firmeza para fiscalizar al Ejecutivo y poner límites a Trump. El periódico expresó decepción respecto de la actuación más centrista que esperaba cuando lo respaldó, con reservas, dos años antes.
Sobre Gallant, la junta editorial reconoció su trayectoria de servicio, pero consideró insuficientes su preparación sobre el proceso legislativo y sus propuestas durante la entrevista. También cuestionó su negativa a debatir.
Ese juicio corresponde al periódico. En mi observación, los acercamientos comunitarios de Gallant siguen siendo relevantes, pero requieren respuestas que permitan evaluar su capacidad para representar al distrito. El no endoso plantea un problema para el elector: qué hacer cuando el incumbente no satisface las expectativas y su adversario tampoco logra demostrar que está preparado para sustituirlo.
NY-02: Garbarino y Halpin también cuentan
La contienda entre Andrew Garbarino y Pat Halpin ha ocupado menos espacio en mi seguimiento. He encontrado menos señales visibles de movimiento y una confrontación menos destacada que en los distritos vecinos. Eso describe el alcance de mi observación; no reduce la importancia del distrito ni las razones de sus electores para exigir respuestas.
La información de Newsday sobre viajes de Garbarino financiados por terceros abrió una pregunta pertinente: cómo beneficiaron a sus representados. La financiación privada no demuestra por sí sola una irregularidad, pero el beneficio público merece explicación.
News 12 informó que la campaña de Garbarino no respondió a sus invitaciones a debatir, mientras Halpin aceptó. Conviene distinguir esa falta de respuesta de un rechazo expreso. Para el público, el resultado vuelve a ser la ausencia de un intercambio entre ambos candidatos.
Más allá de la isla: el valle del Hudson y el North Country
NY-17: Conley y Lawler, una elección abierta
En el distrito 17, la demócrata Cait Conley desafía al republicano Mike Lawler. Los sondeos presentan una competencia estrecha. Más que acumular porcentajes, interesa reconocer que hay un electorado dividido y una elección abierta.
Lawler necesita sostener apoyos que van más allá de su partido. Conley busca convencer a los votantes de que pueden cambiar de representante. Ambos deben demostrar credibilidad propia en medio de una competencia condicionada por la política nacional y la carrera para gobernador.
El valle del Hudson merece atención por esa disputa. El North Country, en cambio, empieza a destacar porque una candidatura demócrata parece encontrar espacio donde la tradición republicana hacía esperar un camino más difícil.
NY-21: la posible sorpresa del norte
Comencé a fijarme en el distrito 21 semanas antes de la reciente encuesta de Siena. La contienda entre el demócrata Blake Gendebien y el republicano Anthony Constantino mostraba señales que no encajaban del todo con la acostumbrada lectura partidista de la región.
La encuesta publicada el 9 de octubre situó a Gendebien con 46% y a Constantino con 42%. Esa ventaja no establece un ganador, pero merece atención en un electorado mayormente republicano. Los mismos encuestados favorecen a Blakeman para gobernador y prefieren un Congreso bajo control republicano. La combinación sugiere que parte del electorado distingue entre candidatos y cargos.
Las relaciones con Canadá ayudan a entender esa posibilidad. Para las comunidades fronterizas, el comercio, la agricultura y los vínculos cotidianos con el país vecino tienen consecuencias directas. Una candidatura que atienda esas necesidades puede encontrar receptividad más allá de su partido.
Las entrevistas de NCPR publicadas el 13 y el 14 de octubre muestran diferencias concretas. Gendebien propone reforzar la atención primaria, el transporte sanitario y los servicios de emergencia, además de revertir los recortes a Medicaid. Constantino pone el acento en la telemedicina y su experiencia empresarial. Sobre Canadá, Gendebien plantea reparar las relaciones comerciales; Constantino presenta el conflicto como una negociación entre gobiernos y minimiza los boicots.
Bloomberg Government dedicó el 14 de octubre una nota a la posibilidad de cambio en el distrito. Esa atención no garantiza una victoria demócrata. Sí refuerza la necesidad de observar una contienda donde los problemas regionales y la valoración de los candidatos podrían pesar más de lo previsto. Por lo que hemos seguido, el NY-21 podría dar la sorpresa.
La carrera para gobernador mantiene vivos los asuntos locales
Hochul y Blakeman no necesitan aparecer junto a cada candidato congresional para influir en su campaña. Sus mensajes mantienen asuntos en circulación, movilizan a los partidos y obligan a otros aspirantes a responder preguntas que preferirían evitar.
El debate del 13 de octubre ofrece un ejemplo: Hochul cuestionó las actuaciones de ICE en Nassau y Blakeman defendió la cooperación con las autoridades federales. Esa discusión alcanza a las comunidades representadas por Gillen y Suozzi, aunque las crónicas consultadas no recogen un intercambio específico sobre sus candidaturas. El costo de vida, la energía y los impuestos llegan a un territorio más amplio, con consecuencias distintas en cada región.
Blakeman puede movilizar su base de Nassau; Hochul puede aportar organización a los demócratas. También pueden poner a sus compañeros de partido ante decisiones incómodas. Es razonable inferir una influencia sobre el ambiente de campaña; todavía no podemos medir cuánto ayuda o perjudica a cada candidato. El NY-21 recuerda, además, que los electores pueden dividir su voto.
Pedir el voto también exige escuchar
A veinte días de las elecciones, los candidatos pueden responder preguntas y acercarse a sectores que han dejado al margen. Otra cosa es que ese esfuerzo tardío alcance para construir confianza.
Los vínculos que he observado en Suozzi, la distancia que he percibido en Gillen y los acercamientos de Gallant forman parte de esta evaluación. También cuentan las propuestas de sus adversarios y la disposición de todos a debatir. Nuestra comunidad tiene derecho a valorar esas diferencias y a exigir algo más que presencia durante la campaña.
¿Están haciendo lo suficiente? En algunos casos encuentro relaciones construidas durante años; en otros, contactos que necesitan continuidad, y en otros, demasiada confianza en la etiqueta del partido. Los latinos vivimos con las consecuencias de esas decisiones mucho después de que termina la publicidad. Quien pide nuestro voto debe estar dispuesto a escucharnos también cuando lo que tenemos que decir resulta incómodo.
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Fuentes y referencias
Artículo de opinión preparado con información reunida hasta el 14 de octubre de 2026. Las valoraciones de cercanía comunitaria corresponden a la observación del autor; los endosos y juicios editoriales se atribuyen a sus respectivos medios.
- Newsday, junta editorial: «Gillen brings a pragmatic voice», 13 de octubre de 2026, p. A18; «Neither candidate has our vote», 14 de octubre de 2026, p. A20. También se utilizó la cobertura y el endoso a Suozzi reunidos para este artículo.
- DCCC: «Top Priority», anuncio televisivo coordinado con Gillen, 13 de octubre. Fuente de campaña; sus afirmaciones se presentan como mensajes electorales.
- News 12: respuestas de los candidatos de Long Island a las invitaciones a debatir.
- News 12: anuncio del debate Suozzi–LiPetri.
- Siena: encuesta del distrito 21, 9 de octubre.
- Emerson/PIX11: encuesta del distrito 17.
- NCPR: entrevista a Blake Gendebien, 13 de octubre.
- NCPR: entrevista a Anthony Constantino, 14 de octubre.
- Bloomberg Government: «Deep Red NY District Tests MAGA Influence as Democrat Gains Edge», 14 de octubre. Referencia limitada al título y los párrafos públicos.
- Spectrum News: crónica del debate Hochul–Blakeman, 14 de octubre.
- Publicaciones de campaña y observaciones comunitarias del autor reunidas durante el seguimiento.
