El autor de El vendedor de sueños abrió la vigésima edición con una conversación sobre escritura, idiomas y memoria comunitaria.

Texto y fotografías por José Oquendo Sánchez

«El pago es que tú escribes». Para Ernesto Quiñónez, la primera recompensa del escritor está en el acto de escribir, antes de la publicación, los reconocimientos o el número de lectores. Esa convicción marcó su conversación con el público durante la apertura de la vigésima Feria del Libro Hispana/Latina de Queens, el viernes 9 de octubre, en la escuela Renaissance, en Jackson Heights.

El novelista de raíces ecuatorianas y puertorriqueñas, homenajeado de esta edición, compartió recuerdos de Spanish Harlem, el barrio donde creció, y habló de los idiomas, las personas y las experiencias que alimentan sus obras.

Ernesto Quiñónez
Ernesto Quiñónez compartió sus experiencias como escritor latino en Nueva York.

«Yo no tenía ninguna esperanza de ser publicado y yo no tenía ninguna esperanza de ser leído», recordó. Escribía porque le gustaba hacerlo, porque tenía historias que contar. «Quizás alguien oye, quizás alguien no oye, no importa».

Juan Nicolás Tineo, cofundador del Centro Cultural Hispano/Latino de Nueva York y director de la feria, prefirió una presentación que acercara al autor a las inquietudes de los escritores presentes. Le pidió hablar de sus dificultades, de cómo consiguió atención para sus libros y de las exigencias personales de la escritura. La breve introducción dio paso a una conversación con los asistentes.

Juan Tineo
Juan N. Tineo presentó al reconocido escritor y animó la conversación estelar de la noche.

Quiñónez es autor de Bodega Dreams, publicada en español como El vendedor de sueños, así como de El fuego de Changó (Chango’s Fire) y Taína. En esas novelas, Spanish Harlem es escenario de historias sobre las aspiraciones de sus habitantes, los conflictos del barrio y las fuerzas que amenazan con transformarlo.

El reconocimiento de los suyos

Desde sus primeras palabras, Quiñónez explicó por qué estar en la feria tenía un significado especial. Agradece los reconocimientos que recibe fuera de la comunidad latina, pero los que vienen de su propia gente despiertan otra emoción.

«Cuando los míos me dan algo, ahí sí es que me gusta y ahí sí lo abrazo bastante», expresó. Al recordar la invitación de Tineo a Queens, añadió: «Esta es mi gente».

Una anécdota familiar ilustró ese sentimiento. Cuando llevó a sus padres una reseña de su novela en The New York Times, la noticia no produjo el entusiasmo que él esperaba. Su madre recordó que era el periódico que no tenía tiras cómicas.

La reacción fue distinta cuando apareció en El Diario, el periódico que conocían. Su madre llamó a sus amigas y su padre salió a comprar varias copias. El reconocimiento literario había entrado en casa por una voz familiar.

Dos idiomas, distintas maneras de escribir

Una pregunta sobre su decisión de escribir en inglés abrió la conversación sobre las lenguas que lo acompañan. Quiñónez recordó que tanto el español como el inglés llegaron mediante la conquista, aunque hoy los quiere y los reconoce como parte de su vida.

Los comparó con «dos perros que yo amo». Al inglés le pide que se siente y obedece; al español le da la misma orden y se mea. La comparación, recibida con risas, explicaba su mayor dominio del inglés para trabajar literariamente.

«Tienes que hacer trucos con el lenguaje», señaló sobre la escritura de una novela. Su educación primaria y secundaria en Estados Unidos le dio herramientas para hacerlo en inglés. En casa, sin embargo, mantuvo el español con sus padres y con su hija para conservarlo entre generaciones.

También recordó a una maestra que quiso convertir a Ernesto en Ernest y a María en Mary. Consideró que algunas personas creían estar ayudando a los niños, pero sus métodos eran dañinos. Invitó a comprender aquellas intenciones sin abandonar el orgullo por el idioma, las costumbres y la cultura propios.

La memoria que conserva una novela

El recuerdo de José Tapia, un maestro que afirmaba el valor de sus estudiantes latinos, dio a la conversación uno de sus momentos más emotivos.

Según Quiñónez, otros docentes expresaban prejuicios sobre el futuro de los alumnos. Tapia les decía, en cambio, que hablar dos idiomas les daba el valor de dos personas. El escritor lo incorporó a El vendedor de sueños, donde su enseñanza convive con el humor irreverente de los personajes.

Después del fallecimiento del profesor, Quiñónez llevó el libro a su madre. «Todavía está vivo porque yo lo puse en este libro», le dijo. Ella recibió el ejemplar, le agradeció y lo abrazó.

El autor contó también que, durante una cena con el cantante Marc Anthony, ambos hablaron de Tapia. Habían asistido a la misma escuela, aunque no se conocieron entonces, y compartían el recuerdo de aquel maestro.

La amistad, los chismes y el cuidado mutuo dentro de la comunidad son, para Quiñónez, parte de lo que acerca sus novelas a los jóvenes. Expresó su alegría porque sus libros se lean en escuelas secundarias y universidades, algo que nunca había imaginado al comenzar.

A un visitante que preguntó qué aconsejaría a jóvenes escritores inmigrantes en España, les respondió que sus experiencias contienen historias nuevas, todavía no contadas. «Que sigan escribiendo y que cuenten esas historias».

El barrio, el cine y la salsa

La conversación recorrió también sus influencias. Quiñónez mencionó a los poetas nuyorriqueños Pedro Pietri, Miguel Piñero, Bimbo Rivas y Sandra María Esteves, y explicó la huella que dejaron en él los Young Lords.

Su interés por aquel movimiento y su esfuerzo por mejorar la vida de los vecinos inspiraron a Willy Bodega, el personaje de El vendedor de sueños que busca fortalecer económicamente al barrio mediante recursos obtenidos de actividades delictivas.

Cuando le pregunté por una posible adaptación cinematográfica de esa novela, el primer libro suyo que leí, recordó que Benicio del Toro había mostrado interés en el proyecto. Según relató, el actor terminó dando prioridad a Che al conseguir financiación para esa película. A Quiñónez le ilusionaba que Del Toro interpretara a Bodega.

Una pregunta de un visitante colombiano llevó el diálogo a la salsa. El autor la describió como «the soundtrack of our lives», la banda sonora de nuestras vidas.

Evocó a sus padres y a otros trabajadores que, después de una semana en las fábricas, encontraban en el baile una manera de relajarse. La música también documentó las dificultades y los peligros de aquellos años. Entre los intérpretes que recordó estuvieron Joe Cuba, Cheo Feliciano, Willie Colón, Rubén Blades, Ismael Rivera y Tito Puente.

Del barrio escrito al barrio que resiste

Las preocupaciones que atraviesan las novelas de Quiñónez —el desplazamiento, los prejuicios y la necesidad de cuidarse unos a otros— encontraron eco en las voces de aquella noche. Spanish Harlem era el barrio de sus recuerdos y sus personajes, pero las preguntas sobre quién pertenece, quién puede quedarse y cómo sostener una comunidad seguían abiertas entre los asistentes.

El propio escritor tendió ese puente al relacionar la solidaridad de los Young Lords con quienes hoy orientan a inmigrantes indocumentados para completar formularios o encontrar servicios de salud y cuidado infantil.

Durante la bienvenida, la congresista Grace Meng, representante del distrito 6 de Nueva York, habló de ese presente y de la importancia de apoyar a autores, poetas y artistas.

Juan Tineo, Rep. Grace Meng y Fausto Rodríguez.
Juan N. Tineo, la congresista Grace Meng y Fausto Rodríguez.

«La historia hispana, la historia latina, es historia estadounidense», afirmó en inglés. Denunció que desde las altas esferas del gobierno se hace sentir a personas como las presentes que no son suficientemente estadounidenses ni suficientemente buenas.

«Estamos viendo cómo nuestro propio gobierno señala a personas por su acento o su apariencia», expresó. Por eso, añadió, «es más importante que nunca mantenernos unidos».

La asambleísta estatal Catalina Cruz, junto a la Rep. Grace Meng y miembros de la organización, se dirigió al público presente.
La asambleísta estatal Catalina Cruz, junto a la Rep. Grace Meng y miembros de la organización, se dirigió al público presente.

Catalina Cruz, asambleísta estatal de origen colombiano por el distrito 39, que incluye Jackson Heights, dijo haber llegado desde una manifestación en Manhattan contra los operativos de ICE. La protesta siguió al tiroteo en el que agentes hirieron a un padre dominicano que estaba en su automóvil con su hijo de cinco años.

«El arte y la literatura es una forma de lucha, es una forma de protesta», sostuvo Cruz. Defendió preservar el español y las costumbres y fomentar la creación entre los jóvenes para que «el día de mañana sean ellos los escritores, los poetas, los artistas».

«Aquí estamos y no nos vamos», afirmó la asambleísta, quien agradeció a Tineo y a sus colaboradores por mantener el encuentro y retomarlo después de la pandemia.

Veinte ediciones sosteniendo un espacio propio

La celebración reconoció a quienes permiten que esas historias encuentren un lugar para compartirse. Tineo destacó el liderazgo de Fausto Rodríguez, presidente del Centro Cultural Hispano/Latino de Nueva York, y su gestión para conseguir patrocinadores.

Explicó que, después del fallecimiento del senador José Peralta, el apoyo que recibían disminuyó considerablemente. Rodríguez siguió tocando puertas para sostener la feria y le decía: «Juan, organízala».

«Yo hago muchas cosas, pero yo no puedo hacer todo», reconoció Tineo. Agradeció a colaboradores de distintas etapas, entre ellos Pablo García Gámez y Juan Carlos Recinos, y recordó al poeta cofundador José Miguel de la Rosa y el respaldo de Peralta.

Presentó también al equipo incluido en el programa: Elsie Cano, Heidy Collado, Ramona Díaz, Tonia León, Jessy Pérez, Ramona Rodríguez, Marisa Russo, Yrene Santos y Nicole Tineo. Los agradecimientos, acompañados de bromas y carcajadas, mostraron la cercanía entre organizadores y público.

Antes y después de la conversación, Quiñónez firmó libros para los lectores. La librería Barco de Papel ofreció ejemplares en español de El vendedor de sueños y Taína. El programa anunció otra presentación del autor para el domingo 11 de octubre, de 5:20 a 6:20 de la tarde.

Francisco Verástegui
Francisco "Pancho" Verástegui

La primera noche terminó con varias piezas interpretadas por el flautista Francisco Verástegui, conocido como Pancho. Años atrás se había presentado en una de las ediciones de la feria siendo adolescente; ahora regresaba como un músico que integra agrupaciones latinas, especialmente de salsa. Su regreso dio otro sentido a la celebración: aquel espacio que lo había recibido en sus comienzos podía verlo compartir los frutos de su perseverancia. Una muestra de cuánto puede crecer el talento cuando encuentra apoyo en la familia y la comunidad.

Un desperfecto en el aire acondicionado había obligado a trasladar las actividades del auditorio al gimnasio dentro del mismo edificio. Tineo agradeció a Paola, de Barco de Papel, por ayudar a reorganizar el espacio. Allí continuó la celebración, entre libros, palabras y música.

Las citas de Grace Meng fueron traducidas del inglés.