El proyecto de NEA Big Read llevará durante los próximos meses literatura, arte y conversaciones sobre identidad, memoria y pertenencia a distintos espacios de Long Island

Texto y fotos por José Oquendo Sánchez

BAY SHORE, Nueva York.—Un reciente sábado la galería estaba llena y apenas quedaban lugares para sentarse. La mayoría del público permanecía de pie entre las obras expuestas y, cuando ya no hubo espacio, otras personas siguieron la actividad desde el patio de entrada y la acera de Second Avenue.

Entre pinturas, fotografías y otras expresiones artísticas, el público conversaba, tomaba fotografías y recorría una muestra construida alrededor de una idea sencilla y a la vez profundamente personal: qué significa una casa y qué seguimos cargando de ella cuando nos marchamos.

Así comenzó en la sede de Teatro Experimental Yerbabruja la presentación de The House That We Carry —La casa que cargamos—, un proyecto comunitario inspirado en The House on Mango Street, la reconocida obra de Sandra Cisneros.

La iniciativa se extenderá hasta junio de 2027 con lecturas, conversaciones y actividades en escuelas, bibliotecas, universidades y otros espacios de Long Island. Yerbabruja fue una de apenas 48 organizaciones seleccionadas en Estados Unidos para participar en NEA Big Read, iniciativa de la National Endowment for the Arts desarrollada en colaboración con Arts Midwest.

Mónica R. Martínez, y la escritora y educadora Adriana Devers
La senadora estatal Mónica R. Martínez, y la escritora y educadora Adriana Devers.José Oquendo Sánchez

Bajo el lema local Reading Together Throughout Long Island, el proyecto enlaza además con America250 and the Stories That Shape Us, una invitación a examinar las historias que han dado forma al país y preguntarnos cuáles voces han sido escuchadas y cuáles han permanecido al margen.

Una sala abierta a todos

Margarita Espada, fundadora y directora artística de Yerbabruja, resumió uno de los objetivos del proyecto como la necesidad de acercar sectores que con frecuencia trabajan por separado.

«Es un programa para juntar comunidades: la educación, las bibliotecas y el arte», explicó.

Hypatia Martínez, presidenta de la junta directiva de la organización, recordó que Yerbabruja comenzó literalmente en la sala de la casa de Espada y que, muchos años después, todavía conciben su sede de Bay Shore como la sala de una familia mucho más amplia.

«Teatro Yerbabruja comenzó en la sala de Margarita», dijo. «Siempre pensamos en este espacio como una sala».

Esa imagen adquiere otro significado en el edificio que hoy ocupa la organización. La antigua estación de bomberos de Second Avenue estuvo abandonada antes de ser recuperada y transformada paulatinamente en un espacio cultural.

Steven J. Flotteron, legislador del condado de Suffolk, y Margarita Espada, directora de Teatro Yerbabruja.
Steven J. Flotteron, legislador del condado de Suffolk, y Margarita Espada, directora de Teatro Yerbabruja.José Oquendo Sánchez

El legislador del condado de Suffolk Steven J. Flotteron recordó los esfuerzos realizados para revitalizar el área y encontrar una organización capaz de traer el arte al vecindario. Durante la actividad entregó una proclama a Espada y Yerbabruja en reconocimiento a su labor artística y comunitaria.

La senadora estatal Mónica R. Martínez destacó, por su parte, el trabajo requerido para obtener el respaldo de una institución nacional como la NEA y reconoció las horas dedicadas por Espada y la junta a preparar la propuesta.

También estuvo presente Jason Richberg, líder de la minoría de la Legislatura del condado de Suffolk, quien recurrió a pequeñas historias transmitidas por sus bisabuelos —abrir un restaurante o una tienda, asistir a la escuela o aprender cómo se escuchaba un juego de béisbol en este país— para relacionar el proyecto con las experiencias de generaciones de inmigrantes.

«Entender esas pequeñas historias es lo que nos guía», expresó. «Es lo que nos convierte en el mosaico que es Estados Unidos».

El nombre, la casa y lo que llevamos

La escritora y educadora dominicana Adriana Devers llevó el tema de la identidad a una experiencia concreta mediante su poema My Name Is Gloria, inspirado en una amiga latina cuyo nombre fue sustituido por «María» al ordenar comida en un restaurante, incluso después de haber corregido al empleado.

«Nuestro nombre es parte de nuestra identidad», señaló Devers. «We deserve our names to be said correctly».

Otro de los momentos más reveladores llegó cuando se preguntó al público qué había traído de sus hogares anteriores hasta la casa donde vive actualmente.

Después de una breve pausa comenzaron las respuestas: el sazón, la voz, la imaginación, el merengue, el sancocho, la bandera.

La pregunta convirtió a los asistentes en participantes de la conversación. Una casa, sugerían aquellas respuestas, no desaparece cuando alguien se muda o emigra. Algo de ella permanece en la comida, el idioma, la música, las costumbres y las historias familiares.

Una mujer habló del sacrificio de su madre y de cómo ese legado alcanzó a la siguiente generación: su hija llegó a Estados Unidos cuando tenía cinco años y hoy es doctora.

Por unos minutos, La casa en Mango Street dejó de pertenecer únicamente a Sandra Cisneros. Cada respuesta agregó otra casa y otra experiencia a la pregunta que atraviesa el proyecto: qué llevamos con nosotros cuando dejamos atrás un lugar al que alguna vez llamamos hogar.

Las obras expuestas en la galería ofrecían otras respuestas desde las artes visuales, abordando desde distintas experiencias los conceptos de hogar, memoria, identidad y pertenencia.

Muestra de arte en la galería de Yerbabruja.José Oquendo Sánchez

Crecer más allá de la galería

La numerosa concurrencia también dejó en evidencia una de las limitaciones que enfrenta Yerbabruja. Con la galería llena, parte del público tuvo que seguir la actividad desde el patio de entrada y la acera.

Steve Bard
Steve Bard, presidente del consejo directivo de Teatro Yerbabruja José Oquendo Sánchez

Steve Bard, presidente del consejo directivo y miembro de la junta desde 2006, reconoció precisamente la necesidad de contar en el futuro con un espacio escénico de mayor capacidad, con asientos, que permita presentar obras de teatro, música y danza.

La aspiración acompaña el crecimiento de una organización que, según Bard, ya desarrolla y apoya actividades en distintos puntos de Suffolk y partes de Nassau. También dejó entrever que esa presencia podría extenderse a otros espacios en Suffolk.

Pero al hablar de lo que lo ha mantenido vinculado durante tantos años a Yerbabruja, Bard llevó la conversación nuevamente al sentido comunitario de la organización.

«La palabra es servir a los demás», dijo. «Si crees en el amor y el servicio, no basta con hablar de ello: hay que hacerlo».

Yerbabruja no se limitó aquella noche a presentar un proyecto sobre la idea del hogar. Abrió su propia casa para que otras personas pudieran reconocerse, recordar de dónde vienen y compartir algo de lo que todavía llevan consigo.