Mientras otros meses conmemorativos comienzan el primer día y terminan el último, el Mes de la Herencia Hispana de Estados Unidos divide el calendario en dos: comienza el 15 de septiembre y concluye el 15 de octubre.

No se trata de una decisión arbitraria. El periodo fue escogido para coincidir con las celebraciones de independencia de varios países latinoamericanos y reunir dentro de 31 días una parte importante de la diversidad histórica y cultural de la población hispana de Estados Unidos.

Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua conmemoran el 15 de septiembre la firma, en 1821, del Acta de Independencia de Centroamérica, mediante la cual las provincias de la antigua Capitanía General de Guatemala rompieron sus vínculos con España.

México celebra su independencia el 16 de septiembre, aunque el proceso comenzó con el Grito de Dolores en 1810 y culminó en 1821. Chile celebra sus Fiestas Patrias el 18 de septiembre, aniversario de la Primera Junta Nacional de Gobierno de 1810, aunque su declaración formal de independencia ocurrió en 1818. Belice —que fue colonia británica— celebra la suya el día 21.

El periodo también abarca el 12 de octubre, una fecha interpretada de distintas maneras. En Estados Unidos, el feriado federal de Columbus Day se observa el segundo lunes de octubre, mientras que varios países latinoamericanos han conmemorado el 12 como Día de la Raza. En años recientes ha ganado reconocimiento el Día de los Pueblos Indígenas, una denominación que cuestiona la antigua visión europea de la llegada de Cristóbal Colón a América.

Ese cambio recuerda que la llamada “herencia hispana” no es una historia uniforme ni libre de controversias. Comprende legados españoles, indígenas, africanos, caribeños y latinoamericanos surgidos de migraciones, conquistas, resistencias y encuentros culturales.

De una semana a un mes

La celebración oficial comenzó en 1968, durante el movimiento por los derechos civiles y el ascenso de la representación política latina. El Congreso aprobó una resolución que autorizaba al presidente a proclamar anualmente la semana que incluyera el 15 y el 16 de septiembre como Semana Nacional de la Herencia Hispana.

El presidente Lyndon B. Johnson convirtió la resolución en la Ley Pública 90-498 el 17 de septiembre de 1968. Después emitió la proclamación presidencial correspondiente, que puso en práctica la nueva conmemoración.

Durante dos décadas, la celebración se limitó oficialmente a una semana. Sin embargo, el crecimiento demográfico y político de las comunidades latinas hizo cada vez más difícil representar en siete días tantas historias, nacionalidades y tradiciones.

En 1988, el Congreso aprobó su ampliación. Ronald Reagan firmó el 17 de agosto de ese año la Ley Pública 100-402, que sustituyó la semana original por “el periodo de 31 días que comienza el 15 de septiembre y termina el 15 de octubre”.

No fue, por tanto, una decisión presidencial unilateral ni una orden ejecutiva. La ampliación fue aprobada por la Cámara de Representantes y el Senado antes de recibir la firma de Reagan. Como la ley entró en vigor al año siguiente, George H. W. Bush emitió en 1989 la primera proclamación presidencial correspondiente al mes completo.

Los documentos originales pueden consultarse en los registros oficiales del Gobierno: la Ley Pública 90-498 de 1968 y la Ley Pública 100-402 de 1988.

Muchas identidades bajo un mismo nombre

El término “hispano” suele aplicarse a personas procedentes de países o culturas vinculadas con el idioma español. “Latino”, en cambio, se relaciona principalmente con el origen geográfico en América Latina. Las dos palabras se superponen, pero no significan exactamente lo mismo.

Un español puede ser hispano sin ser latinoamericano. Una persona brasileña puede ser latinoamericana, aunque su idioma sea el portugués. En Estados Unidos, muchas personas prefieren identificarse directamente como puertorriqueñas, mexicanas, dominicanas, salvadoreñas, ecuatorianas o colombianas antes que adoptar una categoría general.

Según las estimaciones de población del Censo analizadas por el Pew Research Center, la población hispana de Estados Unidos alcanzó los 70.1 millones en 2025, aproximadamente el 21 % de la población nacional.

Una herencia visible en nuestra región

En Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, la herencia hispana se manifiesta durante todo el año. La histórica presencia puertorriqueña comparte hoy el espacio con grandes comunidades dominicanas, mexicanas, salvadoreñas, ecuatorianas, colombianas, guatemaltecas y hondureñas.

Su influencia resulta especialmente visible en la ciudad de Nueva York —muy particularmente en Queens—; en localidades de Long Island como Hempstead, Freeport, Brentwood y Central Islip; y en ciudades como Newark, Paterson, Hartford, Bridgeport y Stamford.

Cada lugar refleja una combinación diferente de migraciones. Nueva York y Connecticut conservan una fuerte huella puertorriqueña; Nueva Jersey cuenta también con importantes comunidades dominicanas, mexicanas y ecuatorianas; y en Long Island ha aumentado notablemente la presencia centroamericana.

Durante estas semanas abundan los desfiles, conciertos, exposiciones, conferencias y actividades escolares. Sin embargo, la celebración no debería reducirse a la música, la comida y las banderas. También forman parte de esa herencia los trabajadores, veteranos, periodistas, científicos, educadores, empresarios, artistas y activistas que han contribuido a transformar Estados Unidos.

El Mes de la Herencia Hispana comienza a mitad de septiembre porque sigue el calendario de varias independencias latinoamericanas. Pero su significado más profundo va más allá de las fechas: recuerda que la historia hispana no transcurre al margen de la historia estadounidense, sino que forma parte inseparable de ella.