Este domingo espero estar frente a Cristina Rivera Garza, una de las escritoras más importantes de la literatura contemporánea en español y, me atrevo a decirlo, una posible futura ganadora del Premio Nobel de Literatura. Así de grande considero su obra.
Estoy terminando el audiolibro de Nadie me verá llorar y tengo esperando la edición impresa de El invencible verano de Liliana, Premio Pulitzer 2024, el libro en el que Rivera Garza reconstruye la vida y el feminicidio de su hermana. Llegaré, por tanto, con su voz todavía resonando en mis oídos y con otro de sus libros esperando sobre mi mesa.
Rivera Garza participará en “Re-enacting, Revisiting History”, un panel del Brooklyn Book Festival dedicado a examinar cómo el pasado reaparece en la literatura: convertido en escenario histórico, recuperado mediante documentos o reconstruido desde los traumas personales y colectivos. Será el domingo 27 de septiembre, a las 5:00 de la tarde, en el Center for Brooklyn History. La entrada es gratuita.

La autora mexicana hablará de Autobiografía del algodón, publicada ahora en inglés como The Autobiography of Cotton. En ella sigue las huellas de sus abuelos paternos, José María Rivera Doñez y Petra Peña Martínez, trabajadores vinculados a los campos algodoneros de la frontera entre México y Estados Unidos. A partir de archivos, historia familiar y narración personal, reconstruye una huelga de trabajadores del algodón ocurrida en la década de 1930 y examina las consecuencias humanas y ambientales de aquella industria.

No estará sola. La acompañará Eduardo Halfon, escritor guatemalteco al que todavía no he leído y cuya historia despierta de inmediato mi curiosidad. Por lo leído y visto en YouTube, en Tarántula, Halfon regresa a una experiencia ocurrida durante su infancia, cuando asistió a un campamento judío en Guatemala que súbitamente se transformó en la representación de un campo de concentración nazi. Los consejeros asumieron el papel de los verdugos y obligaron a los niños a convertirse en víctimas de aquella recreación.
Halfon ha explicado que el episodio se basa en una experiencia personal, aunque el escritor y el personaje que lleva su nombre no sean exactamente la misma persona. Al consultar a otros niños que estuvieron allí, descubrió algo todavía más inquietante: cada uno recordaba los hechos de manera diferente; alguno incluso aseguraba que nunca habían sucedido. De esa contradicción nace una pregunta profundamente literaria: ¿qué parte de nuestra historia recordamos y qué parte reconstruimos para poder comprenderla?

El tercer participante será B. Jeyamohan, prolífico autor indio que escribe principalmente en tamil y a quien tampoco conozco todavía. Su novela White Elephant, traducida al inglés por Priyamvada Ramkumar, se sitúa en la India colonial de 1878, durante una devastadora hambruna. La narración sigue a un policía irlandés que descubre las condiciones brutales en las que trabajadores de castas inferiores producían y transportaban hielo para los banquetes de la élite británica.
Los tres libros parten de lugares distintos —los algodonales de la frontera mexicano-estadounidense, un campamento infantil en Guatemala y la India bajo el dominio británico—, pero parecen encontrarse en una misma pregunta: ¿qué hace un escritor cuando descubre que la historia contada no basta?
Rivera Garza regresa al archivo familiar. Halfon entra en la memoria, aun sabiendo que esta puede engañarlo. Jeyamohan busca en testimonios y documentos las vidas que la historia oficial dejó fuera.
De asistir, no iría solamente a escuchar hablar de tres libros. Iría a conocer las experiencias, los hallazgos y hasta las heridas que llevaron a sus autores a escribirlos. Y acaso a comprobar que algunas historias no terminan cuando ocurren: esperan durante años —a veces durante generaciones— hasta encontrar a quien se atreva a contarlas.
