Desde el centro de Chicago, un viaje en autobús conduce hasta Jackson Park y a uno de los nuevos símbolos arquitectónicos de la ciudad. Aunque las entradas al museo ya estaban agotadas, el recorrido por sus jardines, esculturas y espacios públicos demostró que el Centro Presidencial Obama también puede descubrirse desde afuera.
Crónica y fotografías de José Oquendo Sánchez
CHICAGO — A veces una visita comienza con una pequeña decepción. Llegué al nuevo Centro Presidencial Obama con la intención de conocer el museo, pero ya no quedaban entradas disponibles. La enorme demanda no sorprende: desde su apertura, el recinto se ha convertido en una de las nuevas atracciones culturales y arquitectónicas de Chicago.
Sin embargo, no haber podido entrar no convirtió el viaje en tiempo perdido. El centro ocupa 19.3 acres en Jackson Park, en el South Side de la ciudad, y fue concebido como algo más amplio que un museo presidencial. Sus jardines, senderos, esculturas y espacios de reunión forman un campus abierto que puede recorrerse con calma y, en gran parte, sin boleto.

La torre del museo domina el paisaje desde casi cualquier ángulo. Su forma irregular y maciza cambia según uno se acerca, se aleja o la observa entre los árboles. En lo alto de una de sus fachadas aparece un fragmento monumental del discurso pronunciado por Barack Obama en Selma en 2015. Las palabras, convertidas en parte de la propia arquitectura, recuerdan que la historia del país no es obra de una sola persona, sino de ciudadanos que avanzan juntos.
A nivel del suelo, la solemnidad de la torre cede espacio a un ambiente más humano. Los caminos atraviesan jardines de apariencia natural, con hierbas altas, flores y árboles jóvenes. Las personas caminan sin prisa, se detienen para fotografiar las esculturas o buscan el mejor ángulo para contemplar el edificio. Una estatua de Barack y Michelle Obama, tomados de la mano y saludando, se ha convertido en uno de los puntos más concurridos para las fotografías.

El arte aparece integrado al paisaje y no como una decoración añadida. Algunas esculturas llaman la atención por su escala; otras parecen esperar al visitante entre la vegetación. El agua, los jardines y la cercanía de Jackson Park contribuyen a que el conjunto no se sienta como un monumento aislado, sino como una extensión del espacio público de Chicago.
El centro también cuenta con una sucursal de la Biblioteca Pública de Chicago, áreas recreativas, restaurantes y más de dos docenas de obras de arte encargadas especialmente para el campus. Buena parte de esos espacios puede visitarse sin entrar al museo. Esa apertura ayuda a comprender la intención del proyecto: recordar una presidencia, pero también crear un lugar de encuentro en la zona de la ciudad donde comenzaron las trayectorias comunitarias y políticas de Barack y Michelle Obama.
Me quedó pendiente el recorrido por las salas del museo, y tendré que regresar con una reservación hecha con suficiente anticipación. Pero la visita exterior ofreció algo que no esperaba: la oportunidad de observar el edificio desde distintas perspectivas y dejar que los jardines marcaran el ritmo del paseo.
Aun contemplado solamente desde afuera, el Centro Presidencial Obama vale el viaje en autobús desde el centro de Chicago. No pude conocer todavía todo lo que guarda en su interior, pero sus exteriores bastaron para convertir aquella entrada agotada en una razón para volver.
Información para visitantes: Obama Presidential Center: https://www.obama.org/visit/ Arte en el campus: https://www.obama.org/visit/campus/art-collection/
Aclaración: Las fotografías fueron tomadas por José Oquendo Sánchez durante su visita al Centro Presidencial Obama en septiembre de 2026. Esta crónica fue desarrollada y editada por ChatGPT a partir de sus observaciones y del texto original que escribió durante sus vacaciones en Chicago. Los datos generales del recinto fueron verificados en la información publicada por la Fundación Obama.
